El artículo aborda en un primer momento el análisis de un fenómeno muy puntual en estos tiempos: La soledad y depresión en los entornos laborales, que frenan el desarrollo personal y productivo. No está dicho todo, material para hablar del tema hay suficiente para abordarlo en diversas fases

 

Soledad y Depresión en el entorno laboral

MsC. Natacha Sánchez Morales

Versa una frase, y se ha transmitido de generación en generación: “si trabajar fuera bueno, no pagaran por hacerlo”. Y vamos, que cuando se termina la vida estudiantil, o cuando las circunstancias te imponen un cambio en tu vida, donde debes asumir seriamente una familia, un hogar, un estilo, en fin, se enfrenta al  ¡¡¿trabajar?, horror!!.

Un entorno de trabajo adverso puede ocasionar problemas físicos y psíquicos, así como puede conducir a un consumo nocivo de sustancias y de alcohol, absentismo laboral y pérdidas de productividad.

Según un reciente estudio dirigido por la OMS, los trastornos por depresión y por ansiedad cuestan a la economía mundial US$ 1 billón anual en pérdida de productividad.

Pero, para sorpresa de muchos, hay un problema silencioso mayor: la soledad en el trabajo. De hecho, recientes estudios muestran cómo reducir el sentimiento de soledad o aislamiento en el lugar de trabajo, lo cual es bueno para el negocio, además de beneficiar la propia salud.

Dicha soledad se asocia a mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, diabetes, depresión, ansiedad y demencia precoz.

Por primera vez hay más población que vive sola. Aumenta la movilidad por trabajo y por tanto, es más probable vivir lejos de la familia y de los amigos. Por otro lado, los modelos de trabajo se están flexibilizando, los negocios se están digitalizando y, además, se reducen las interacciones personales y cambia esencialmente el modo en que las personas se relacionan entre sí.

En cuanto al “ecosistema oficina”, distintos sistemas de relaciones, distintas culturas empresariales, son más propicias que otras para hacer surgir este sentimiento de soledad. Una cultura empresarial que favorezca la competitividad individual entre los trabajadores será más propicia al sentimiento de soledad que una cultura empresarial que se desarrolle entorno al trabajo en equipo y los logros colectivos.

Las consecuencias pueden ser las siguientes:

  • Apatía, falta de proactividad, dado que el entorno laboral no satisface esta necesidad básica. El individuo no irá hacia el entorno, sino que será el entorno el que asignará el trabajo al individuo. Como consecuencia para la organización: tendremos un trabajador con baja proactividad que no volcará en la empresa toda su capacidad emprendedora para desarrollar proyectos.
  • Bajo rendimiento. El trabajador no ve el entorno de trabajo mismo como deseable y parte del tiempo que debería dedicarse a producción se dedica a tácticas evasivas como pensar en buscar otro trabajo o pensar en su propia soledad.
  • Abandono de proyectos que se comienzan, pero no se continúan por falta de motivación, al faltar el apoyo de la compañía de un mentor/superior, los colegas o un equipo de trabajo.

Como resumen de los puntos anteriores, las consecuencias para el trabajador son: la pérdida de oportunidades profesionales y rendimiento laboral por debajo de sus capacidades; para la organización, la no disponibilidad efectiva de un empleado capaz de generar proyectos y oportunidades de negocio en la empresa y la posibilidad, finalmente, de perder un empleado.

Es entonces finalmente, una tarea de los Gestores de Recursos Humanos, realizar un diagnóstico fino conductual de sus empleados. Mediante esta herramienta, se puede lograr un monitoreo de las diversas situaciones que se van presentando, y poder gestionar herramientas que permitan detener o minimizar las consecuencias de la soledad laboral, en pro de lograr mejores resultados laborales.

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