Si por tu mente pasan pensamientos, tales como: “Esas cosas no me pasan a mí”, “es demasiado bueno para ser cierto”, probablemente están existiendo en ti creencias limitantes que no te dejan avanzar. ¿Por qué no logras lo que quieres ? ¿Qué pasa con tu creencia de “Ser merecedor"?

 

En la respuesta a estas preguntas se encuentra la clave que te permitirá visualizar en qué punto se encuentra tu autoestima.

Cosas maravillosas les acontecen a muchas personas, que después desaparecen como por arte de magia, porque simplemente piensan que no son merecedoras.

Creencias… Si crees ser merecedor, las cosas sucederán

Solemos pensar que, nuestro mundo está construido sobre hechos que constantemente interpretamos y el significado que les damos va siempre de acuerdo con la imagen que tenemos de nosotros mismos, así como con el concepto que le damos a la vida, luego entran en juego nuestras certezas que originalmente eran presunciones.

Una presunción es dar como verdadera una situación o algo a partir de ciertas señales o indicios sin tener la certeza completa de ello, pero que, después de un determinado tiempo, acabamos convencidos de que es verdad. Cuando esto sucede, esa certeza acaba influenciando nuestra forma de interpretar los eventos que nos ocurren.

Estamos hablando de las creencias que surgieron de aquello que nos dijeron cuando éramos niños, en lo que vivimos, interpretamos, en cómo nos trataron y en cómo nos sentimos tratados y cómo en la medida que íbamos creciendo, todos estos factores fueron moldeando nuestro carácter, nuestra forma de pensar y cómo nos sentimos con nosotros mismos y en relación con nuestro entorno.

De esas creencias, pueden existir las limitantes y las potenciadoras. Todos cargamos con un montón de ellas, pero las primeras son a las que debemos prestar mucha atención, porque pueden dañar nuestra autoestima y desviarnos de nuestros objetivos.

Las creencias limitantes suelen surgir en personas con baja autoestima, las más comunes son: yo no puedo, no soy capaz, todo me sale mal, no valgo nada…

Pero la más dañina de todas y la que no tenemos plenamente concientizada es la de: “No soy merecedor”.

Tales como: “no lo merezco, es demasiado bueno para mí”, “no merezco un buen amigo, novio, esposo, trabajo, descansar”, “no soy lo suficientemente bueno para ese cargo…”

Así como todo aquello que tal vez podamos desear, pero que muy en el fondo sentimos que no merecemos.

Es un sentir que se hace tan normal que lo podemos tener, pero estamos tan acostumbrados a él, que no nos damos cuenta de que está presente.

Cuando no creemos que somos valiosos o lo suficientemente capaces para alcanzar un objetivo, un mecanismo dentro de nosotros se activará, para confirmar esas presunciones o creencias que tenemos arraigadas, transformándolas en realidades, que finalmente comenzarán a sabotear nuestras metas.

¿Qué sucede cuando no nos creemos merecedores?

Cuando no nos creemos merecedores de algo, buscaremos de forma inconsciente la manera de evitar alcanzar ese algo. Esto podrá observarse cuando surge una relación tan buena que no nos lo podemos creer y aparecen los celos y la desconfianza, que acaban por dañarla, o una gran oportunidad de trabajo y por miedo de cometer errores e inseguridad, la perdemos. Todo termina con la frase: “era demasiado bueno para mí”.

El problema surge, porque cuando intentamos asumir un cambio, nos vemos forzados a cambiar la imagen que tenemos sobre nosotros, lo que se convierte en un proceso que no todo el mundo está dispuesto a asumir. Preferimos quedarnos en nuestra zona de confort, quejándonos de nuestra mala suerte, sin entender que muchas veces son nuestras actitudes negativas, las que contribuyen para que el rumbo de un evento se desvíe hacia un final negativo.

ser merecedor

Sentirse indigno genera una gran resistencia hacia un cambio positivo.

En tal caso, si no nos sentimos merecedores, nos estaremos condenando a vivir una vida mediocre en la que las profecías negativas que hacemos sobre nuestra existencia terminan siempre por hacerse realidad, porque nos estaremos saboteando todo el tiempo, no habrá una verdadera lucha por lo que queremos y terminaremos conformándonos con lo que la vida nos dé.

Por ejemplo:

Si no me siento merecedor de una determinada persona, dudaré siempre de sus palabras.

Si siento que no merezco que me quieran bien, buscaré siempre relaciones superficiales, en las que probablemente nunca me tomarán en serio.

Si no me siento lo suficientemente bueno en mi trabajo, nunca daré el todo por el todo para destacarme.

Es decir, que estaré proyectando en mi vida lo que creo de mí y que no me siento merecedor.

Actitudes de una persona que no se cree merecedora

Una persona que cree no ser merecedora de lo que la vida le pueda dar o de sus capacidades, tendrá actitudes como estas:

  • Fuertes críticas hacia ella misma y un diálogo interior denigrante.
  • Dejará que los demás le traten mal.
  • Siempre se pondrá al final de la lista de sus prioridades.
  • Estará siempre haciendo algo productivo, porque no puede darse el lujo de descansar.
  • Se castigará porque pudo haberlo hecho mejor, porque no se esforzó lo suficiente o porque no fue capaz.
  • Se resignará a que su vida es así y nada la podrá cambiar.

¿Qué hacer para creer que soy un Ser merecedor?

Para poder romper con el círculo vicioso en el cual nos encontramos y convencernos de que somos seres merecedores, debemos en primer lugar, identificar las creencias que nos limitan y emprender un proceso para liberarnos de ellas. Lo que quiere decir que el cambio comenzará desde nuestro interior.

Debemos entender que, aquellas verdades que nos dijeron cuando éramos pequeños y que asumimos como inquebrantables, en realidad pueden cambiar y que cuando sentimos que ya no son útiles para nosotros y que están limitando nuestro crecimiento, podemos transformarlas de manera que nos permitan continuar con nuestra evolución.

Cuando comencemos a trabajar para borrar esos pensamientos profundamente arraigados que nos impiden alcanzar nuestros sueños, nos comenzaremos a sentir más ligeros y aliviados. Poco a poco nos estaremos preparando para aprovechar al máximo las buenas oportunidades que la vida nos irá colocando a lo largo de nuestro camino. Nos atreveremos a luchar por ellas, en lugar de quedarnos sentados y anclados en la queja.

Una vez que eliminemos desde nuestro interior esa creencia limitante, empezará a proyectarse hacia afuera en una actitud más positiva, en un comportamiento más eficaz y obviamente, los resultados que obtengamos serán los que realmente deseamos.

Concientiza que eres merecedor, simplemente por existir y porque sí.

Fuente:

Coaching To Be 

Resiliencia Mag