Muchos soñamos tener hijos, pero a medida que los niños van creciendo representan cada vez más desafíos que a veces nos desorientan o directamente nos desesperan. ¿Cómo afrontar los problemas de conducta en el colegio? ¿Qué hacer?

 

Los padres también tenemos mucho que aprender, nadie está preparado para la tarea de criar niños y el mundo actual tiene sus ventajas pero también grandes complejidades. Lo importante es no caer en la culpa a medida que descubrimos que la falta de conocimiento nos hace cometer errores, casi todo el mundo los genera en algún momento pero también vale la pena buscar recursos y fuentes de información que nos ayuden.

Un problema singularmente complejo es la escolaridad en los casos de niños que tienen mala conducta. Los motivos pueden variar, desde temas de autoridad o educación hasta los psicológicos e incluso neurológicos, que pueden explicar perfectamente algunos desórdenes, el objetivo de este artículo no es realizar un tratado de medicina. El tema es más bien cómo lidiar con las consecuencias y alertar sobre cuáles pueden ser.

Muchos de estos problemas se descubren o agudizan en el primario, entre primero y segundo grado, cuando el ambiente más estructurado pone de manifiesto inconvenientes que antes podían pasar desapercibidos. Lo primero que recomendamos, experiencia de madre mediante, es buscar ayuda enseguida. Primero la del pediatra, puede ser conveniente la de un neurólogo, aunque sea para tener un diagnóstico y por último la del psicólogo. Una vez tengamos el diagnóstico y tratamiento hay que tener en cuenta que no hay soluciones mágicas (salvo en algunos trastornos neurológicos), el proceso puede demorar y hay que estar preparado para lo que vendrá.

En el colegio muchas veces toman la vía fácil, especialmente en algunos privados, ya que tener un niño que demanda mucha atención de sus maestras no es bueno para sus ventas ni su rentabilidad. La solución suele ser proponer la reducción de jornada, es decir, si el niño iba mañana y tarde te sugieren retirarlo al mediodía. En este punto es recomendable consultar con el pediatra o psicólogo cuál es su recomendación, no quedarse con la del colegio ya que sus criterios muchas veces tienen que ver con la conveniencia propia. Si el pediatra o psicólogo no recomiendan esta instancia suele ser conveniente asumir la más firme negativa, con el más fuerte de los motivos, que por razones laborales es imposible por ejemplo retirarlo antes. Los niños sufren mucho estas situaciones de verse apartado de los otros por horarios distintos y se generan comentarios en su grupo de pares que no son nada convenientes, salvo estricta recomendación médica. Si vemos que el colegio sigue en esta postura probablemente tengamos que buscar otras opciones escolares. Esta alternativa convengamos que no es la más cómoda para los padres pero suele ser excelente para los niños, encontrar un lugar donde puedan contenerlos, ayudarlos a mejorar. Y los hay, los colegios que toman en cuenta las singularidades y se esfuerzan en integrar a los niños existen.     

A la hora de buscar un colegio en estas condiciones hay que ir bien preparado para las decepciones, salvo que uno cuente con el dato preciso del tipo de institución apropiada. Muchos colegios, al menos en Argentina, piden los boletines de los niños, fijándose sobre todo en las notas de conducta, rechazando las vacantes de los niños que no tienen buenas notas, aunque sean brillantes en otras materias. Encontrar el dato preciso del tipo de colegio que los puede ayudar no es fácil pero vale la pena el esfuerzo.

En este país por ejemplo los colegios públicos no tienen permitido pedir el boletín como criterio de aceptación, justamente porque está prohibida la discriminación. En general la escuela pública es una buena opción, aunque por supuesto depende de la institución, el barrio y otras características.

Lo que hay que tener en claro es que es mejor cambiar a tiempo porque una vez que el niño es colocado en esta categoría en un colegio rígido es estigmatizado y sus posibilidades de mejora se reducen al mínimo.

Así pues, a buscar, con determinación y esperanza, que la vida puede darnos una favorable sorpresa. 

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