Si Facebook fuera un país, con sus 800 millones de habitantes, sería el tercero en población mundial, detrás de China e India.

 

Nacerían en él 1 millón de personas al día, se hablarían más de 70 idiomas oficiales, recibiría 400 millones de turistas diarios y sería una potencia mundial. La generación digital “vive” en grandes ciudades como Facebook, Twitter, Tuenti, YouTube, Hi5, My Space entre otras. (Catela, 2012).

Hay que conocer el “país” en el que nuestros hijos son nativos naturales, con ellos no se puede hablar de nuevas tecnologías, sino simplemente de tecnologías.  Han nacido y viven en un mundo tecnológico. El escritor Marc  Prensky hablaba de la “brecha digital” como el enfrentamiento de dos generaciones, la nativa, que ha crecido con dispositivos digitales  y la otra “inmigrante digital”,  que han tenido que aprender el nuevo idioma.

Los nativos piensan y procesan la información de manera diferente, tienen un acceso aleatorio y  desordenado, reciben mucha información y la procesan rápidamente. Están muy ocupados, con muchas cosas a las que prestan atención limitada. Viven conectados y se acostumbran a la gratificación instantánea. ¿Para qué esperar?

Los  padres deben de estar alerta, observando el nivel de dependencia de sus hijos, la misma que puede ir de muy poca u ocasional  hasta el extremo del Hikikomori o síndrome de aislamiento absoluto vinculado a la adición patológica de las tecnologías relacionada con la depresión y el suicidio juvenil.

El uso de Internet es beneficioso para el cerebro, pero no cuando se exagera, y pasar más de 10 horas diarias frente a la computadora reduce las aptitudes sociales tanto de nativos como de inmigrantes. ¡Ojo!

Además de cohabitar con nuestra familia debemos convivir con ella y nada puede sustituir un encuentro personal, un abrazo de esos que saca el aire y una buena conversación cara a cara.

  • Las tecnologías son buenas, son herramienta de trabajo y conocimiento, pero no son la vida, la vida es nuestra familia. Es imprescindible buscar sus ojos con los nuestros, fijar la vista en sus rostros más que en sus perfiles de Facebook y lo más importante: compartir.

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