Capítulo 2: A los padres que se toman el tiempo de aprender a educar

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Capítulo 2: A los padres que se toman el tiempo de aprender a educar

Por | 2014-11-27T20:19:19+00:00 noviembre 27, 2014|Padres e Hijos|Sin comentarios
La finalidad última de la educación es formar personas con personalidad, útiles, capaces de integrar la sociedad correctamente.

 

La educación entonces debe ser: positiva, preventiva y con planes de acción, no se puede dejar a la improvisación.

Para conseguirlo se necesita tener las cosas claras. Los padres deben de hacer valer sus derechos, así como también respetar los derechos de los hijos.

Deben conseguir que los hijos entiendan claramente el mensaje de sus padres, deseos, intereses y estados emocionales.

 Por último deben de tomar decisiones y llevarlas a cabo sin claudicar.

Básicamente se reduce a tener una excelente comunicación entre padres e hijos, para que el mensaje sea adecuado y eficaz y sea entendido claramente. No hay nada peor que los mensajes vagos o evasivos. Hay que decir No a la inseguridad y a la agresividad en la transmisión de un mensaje. Es decir que no se valen las actitudes sumisas, cómodas o dominantes. Ninguna de estas posturas es eficiente en la educación de los hijos. Y entonces cómo debe ser la actitud correcta al transmitir un mensaje a nuestros hijos?

La respuesta es una sola: Con personalidad, lo que significa que cada mensaje entregado a los hijos debe ser el que haga valer eficazmente los derechos de los padres, pero tomando en cuenta los derechos de los demás, diciendo lo que piensan y lo más importante: SABER DECIR NO y muchas veces atreverse a decir NO. Aunque estás dos sencillas letras desaten lo que desaten, para ser padres hay que ser valientes. Por eso es tan importante que no se improvise en la educación, de cada decisión que se tome, por pequeña e insignificante que parezca, habrá que hacerse cargo de las consecuencias hasta el final.

En la vida diaria, los padres no estamos estáticos en una posición y vemos que fluctuamos entre las tres posturas. En cuestión de minutos podemos ser vacilantes, dominantes o actuar correctamente en una determinada situación. Lo importante no es no equivocarse, que somos humanos, sino ser conscientes de que nos equivocamos para poder rectificar siempre.

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