Todo en la creación es impermanente, todo cambia. Pero al realizar aquello que permanece, nuestra capacidad de observar y de amar, podemos aprender y transformar la realidad.

 

“Hay una única ley del universo que no cambia, y esa es que todo cambia” Buddha

Hace menos de un mes vivimos en México un terremoto que nos hizo temblar por fuera y por dentro. En diferentes partes del mundo, sin tener muy claras las causas, los desastres naturales han ido en aumento. A pesar de la destrucción y el dolor que los acompaña, se presentan como un gran maestro.

El budismo nos enseña acerca de la impermanencia, afirmando que “todo es impermanente, lo único que permanece es la luz”.

Todo cambia. En la naturaleza, cada instante hay flores nuevas, árboles que se secan, muertes y nacimientos. Las relaciones que tenemos con el medio que nos rodea se van transformando. Nuestro cuerpo envejece. Nuestros pensamientos y emociones no dejan de cambiar. 

Pero la luz permanece, es decir, nuestra capacidad de observar y de estar presentes no cambia.  

En la cabalá, la luz se describe como la conexión positiva. Dejar el egoísmo y las diferencias a un lado para compartir en armonía. Equivale al amor, una energía compasiva y expansiva, que no siempre es consciente, pero que ahí está.  

En un desastre, el concepto de impermanencia se muestra claramente al ver la destrucción, nos damos cuenta de que lo que tardamos años en construir puede ser destruido en tan solo unos minutos. Nos volvemos vulnerables. Realizamos lo poco que podemos controlar. Nos encontramos ante la oportunidad de abrir el corazón y ayudar a otros, de revelar la luz escondida.   

Diferentes tradiciones espirituales comparten la creencia de que creamos nuestra realidad. Todo está compuesto de energía, más densa o más sutil. A través de la energía de nuestras acciones, emociones y pensamientos estamos siendo creadores.

Tal vez si viviéramos con mayor respeto y armonía entre nosotros y con la creación, sería más respetuosa y armónica la tierra que habitamos.

A continuación, comparto unas palabras inspiradas en el terremoto ocurrido el 19 de septiembre en México.

 

La tierra tiembla, los corazones tiemblan.
Los imagino preguntándose ¿que está en mi control?
Realizando que en realidad es poco.
Que la naturaleza tiene su propia forma de hablar. Que la muerte elige cuando actuar.
Y que en verdad solamente podemos elegir como reaccionar.
De manera natural se abre una puerta en el corazón.  
Nos hace vulnerables, conscientes al dolor propio y de los demás, nos hace hermanarnos, apoyarnos y ayudarnos. Cada quien, a su manera, con una oración, compartiendo información o en plena acción.
Esta puerta que se abre despierta en nosotros lo mejor.
Ojalá que esta puerta permanezca abierta y nos ayude a crear un mundo mejor. A convivir en armonía; que nos de la fuerza para exigir leyes que nos protejan; que mantenga nuestros ojos abiertos para ver al otro; que nos guíe a cuidar nuestro entorno; que nos muestre el camino a respetar la diversidad y la valía de cada uno de nosotros.
Solo así, tal vez, la tierra empiece a sanar y no necesite gritar.

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