¿Estoy siendo resiliente o estoy aplicando una resignación prematura? No pasa nada, vamos a ver.

 

¿Qué pasaría si descubrieras que por diversas razones a explorar, la verdad es que estás encubriendo una gran desesperanza con lo que llamas "resiliencia" confundiéndola con  "resignación"? y aquí viene la segunda parte, "de paso" una resignación mal canalizada.

Una resignación mal encaminada tiene el don de muchas veces confundirnos y ser excusa para bajarnos la autoestima, para meternos tanto temor en los huesos que no queramos intentarlo de nuevo, para esconder una distorsionada imagen de autoeficacia, de la confianza que tenemos en nosotros para manejar las situaciones o creer que podemos afrontarlas.

Con la actual crisis humanitaria, muchas personas abordan el tema, y me hablan de  lo que ellos llaman "resiliencia", comentarios como: ¿y qué le vamos a hacer? ¡Ah! "pero uno no debe pensar en eso", o… "yo prefiero ni siquiera ver las noticias", "ya ni salgo de la casa por eso" entre infinitas pláticas, escuchas su discurso, ves su lenguaje, observas lo que hacen, te das cuenta de que lo que ellos están llamando "resiliencia" es en verdad una gran desesperanza. Entonces se me ocurrió ahondar un poco en el tema.

Comencemos por establecer puntos claros y definiciones.

Una crisis es un momento sumamente concluyente en nuestras vidas, que nos obliga a modificar nuestras conductas y que puede tornarse a favor o en contra. Somos seres pensantes e inteligentes, muy capaces aunque así no lo veamos muchas veces. Siempre al surgir una crisis, nuestro cerebro está perfectamente diseñado para subsanarla con el mecanismo que mejor se nos adapte. Quizá no lo parezca, según el psicoanalista Carl Jung, aunque no resulte de la mejor manera muchas veces, nuestro cerebro siempre está en búsqueda de mejorar, de obtener placer y de acercarnos a la felicidad. Sólo es cuestión a veces de darle un empujoncito en la dirección correcta.

La palabra resiliencia viene del antiguo latín "Resilio" que significa regresar, reiniciar, rebotar. En ingeniería la palabra resiliencia se le atribuye a la cantidad de energía que absorbe un material al ser impactado. De ahí ya les va viniendo una pista. En psicología, resiliencia más que nada es la psicología positivista que se ha encargado de profundizar en ello, es la capacidad que todos poseemos de adaptarnos a diversos cambios y situaciones y superarlas o evitar hacernos daños mayores.

Cualidades:

La resiliencia te permite una mayor capacidad de recuperación, se enfoca en producir energía.

La resiliencia ayuda a convertir la frustración.

Se enfoca en estrategias.

Te permite una optimización y desarrollo de habilidades que se convierten en el logro de mayores competencias para las adversidades futuras.

Como exploramos, la resignación es necesaria muchas veces también, y no negaré que hay situaciones que lo ameritan, que es una forma de aceptación, de homenaje a la batalla dada. Pero debe hacerse de la forma adecuada, con el enfoque adecuado, no tomarla por excusa cuando quizá aún haya mucho por dar o hacer, o sin tomar ningún aprendizaje de ello.

La aceptación nos llama al aprendizaje, a bordear nuestros límites y los de nuestro mundo, a no ser tan duros con nosotros mismos, a amarnos y trabajar más en nosotros y nuestras capacidades internamente, respetándonos, pero es menos amarga cuando sabemos que dimos lo mejor. La aceptación es una forma de resiliencia, la resignación no siempre implica aceptación, la resignación si bien es una forma de aceptar, más bien incluye una tonalidad de suplicio, como de imposición de la situación, como de empecinamiento o frustración de que queremos que sea diferente, nunca la hemos aceptado, pero sin embargo no hacemos nada por ello… la aceptación siempre y cuando no enmascare una anhedonia, una depresión que pasa desapercibida, no es resignación. La resignación es un mecanismo que debe ser mejor encaminado para que en vez de ahogarnos en nuestro dolor emocional, y escoger no movernos para que no se derrame el frasco, encontremos formas de que se baje un poco la presión, y no, no será fácil, nunca lo es, pero seguro te sentirás mejor, y podrás aprovechar la vida por lo que es. La resignación tampoco es algo a satanizar, al fin y al cabo lo que debe ser tomado en cuenta es la manera correcta de hacerlo, aceptando…

Entonces cuando decidas resignarte, aceptar o ser resiliente, cuestiónalo todo, y es que éste es el consejo resumen en frasco chiquito para una vida entera, y afronta una u otra, pero siempre siendo honesto contigo y pidiendo ayuda si es necesario, con la mejor de las disposiciones tu angustia, dolor, sufrimiento, crisis o conflicto, sea cual sea el mecanismo, pasará y estarás mejor eventualmente.

Felíz camino del aprendizaje.

Gracias por leerme. Espero que esto te sea útil. Bendiciones.

Ana Medina.

Terapeuta – Diseñadora.

 

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