Y yo creo que es así porque a veces los analizamos como algo estático cuando en realidad son algo dinámico, cambiante y en permanente evolución.
Los límites requieren un equilibrio entre la propia autoestima y la legítima defensa de los valores personales, y la necesidad de ceder y perdonar que siempre está o debería estar en las relaciones que tienen vocación de permanencia.
Por eso los límites son flexibles, o quizás sería más correcto decir que nuestra actitud ante los límites y sus transgresiones debe estar marcada por la flexibilidad y no por la defensa numantina ni por el temor a que en algunas ocasiones se vean superados.
Obviamente, me refiero a saber ceder desde mi libertad, y no en asuntos que agredan mi dignidad básica o por obligación o temor a las consecuencias.
Los límites son de naturaleza líquida, flexible, gelatinosa si lo prefieren, porque tienen que ver con lo que es más adecuado para salvaguardar el vínculo en el Aquí y en el Ahora. Y eso varía en cada momento de una relación, porque está viva y va cambiando.
Lo que es muy importante a los 20 años no parece tan importante a los 40 o 50, y dentro de la relación pasa lo mismo. Lo que es un límite a los 3 meses de relación quizás no lo sea cuando se llevan 5 o 10 años de convivencia. De hecho, yo creo que esa fluidez de los límites es un claro indicativo de que una relación está viva y en evolución. Las relaciones son construcciones permanentes. En las relaciones, como en la vida, lo estático es sinónimo de muerte, no de vida.
Cuando los límites son rígidos se convierten en fronteras, y no son lo mismo. De hecho, son inmensamente diferentes. Los límites son siempre necesarios en toda relación, por íntima que sea. Sirven para que las personas se mantengan cerca y sin temor a exponerse ante el otro porque se saben cuidadas y respetadas. Son las reglas del juego, las rayas de la cancha.
Las fronteras alejan y nos separan del otro. Los límites se construyen a partir del respeto mutuo y la confianza; las fronteras nacen del miedo y la amenaza.
La gran pregunta es si nosotros vivimos construyendo relaciones en las que sabemos rayar la cancha, o somos nosotros los que colocamos fronteras, incluso antes de sentir la amenaza, porque ya la llevamos incorporada en nosotros. Quizás por un pasado en el que fuimos heridos y no supimos poner límite.
Eso no va a funcionar. Cuando somos torpes para poner los límites adecuados y creemos que la solución es poner fronteras, lo menos malo que puede pasar es que nos quedamos solos, y después seguramente nos quejaremos de ello.
De hecho, construimos fronteras por dos razones bien diferentes:
- Cuando nos topamos con una amenaza real, ante la que tenemos que defendernos colocando una protección, una barrera o al menos, una distancia suficiente.
- Cuando no confiamos en nuestra capacidad de poner límites.
La primera razón es muy saludable, pues todos nos hemos cruzado alguna vez con personas que son tóxicas para nuestro bienvivir. Pero la segunda es una incompetencia nuestra. Creemos que la frontera nos protege de posibles amenazas, estamos anticipando el conflicto y eso nos impide cualquier intimidad. Tenemos miedo de no saber gestionarla.
Aprender a poner límites requiere un trabajo interno, con nosotros mismos, porque los límites nos definen, están en nuestra esencia, en el ser que somos. Las fronteras, sin embargo, son una construcción externa, hecha desde nuestras acciones, pero manteniendo la misma esencia temerosa a ser dañados. Las fronteras nos pueden proteger, pero si están hechas desde el miedo no nos quitarán el miedo, se convertirán en nuestra cárcel de vida.
Recomendaciones
PREGUNTAS para reflexionar:
- ¿Soy capaz de poner límites sin dañar la relación?
- ¿Camino por la vida construyendo murallas o fronteras para evitar un daño potencial?
- ¿Mis límites son flexibles, van evolucionando, o son los mismos desde hace muchos años?
- ¿Puedo evolucionar yo, crecer, sin que crezcan mis límites?
- ¿Identifico qué límite me cuesta más aclarar ante los demás?
- ¿Identifico si alguno de mis límites es hoy limitante? ¿Vale la pena cuestionar si alguno de mis límites me está hoy impidiendo crecer?
- ¿Soy estricto, riguroso, o compasivo cuando alguien sobrepasa un límite? ¿Le muestro amorosamente la transgresión, o simplemente me ofendo y me alejo?
- ¿Qué voy a hacer para mejorar mi capacidad relacional, mi manejo de los límites?
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País:México



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