Construir el ser que somos hoy es un proceso que todos hacemos con 3 materiales básicos: nuestras vivencias pasadas, los hechos, más las interpretaciones y emociones derivadas de esos hechos.

 

Hace más de 2,500 años Buda dijo que el sufriento es una elección personal y que solo hay 3 cosas imposibles de evitar: la enfermedad, el dolor y la muerte.

Me costó entender la diferencia en su momento, pero hoy veo con claridad meridiana que ante un hecho determinado y doloroso,

  • Lo que nos duele es el hecho. Por ejemplo: Una pérdida de un ser querido.

  • Pero lo que nos hace sufrir es la interpretación que la damos a ese hecho. Por ejemplo: ¿qué va a ser de mí?, me dejó solo, etc…

  • Otro ejemplo: Mis padres no me abrazaron nunca, luego no me quisieron.

–  Hecho: no me abrazaron

–  Interpretación: luego no me quisieron.

  • ¡¡Lo que nos hace sufrir no son los hechos, sino nuestra interpretación de los hechos!! Por eso como decía Buda, es nuestra decisión cuánto vamos a sufrir por un hecho determinado.

     

Los hechos y las vivencias generan nuestras creencias, y nuestras creencias marcan el camino por el que transitamos, puesto que nos dicen lo que es posible y lo que no. Y queramos, o no, casi siempre, algunas de esas creencias, que no discutimos, son también nuestra cárcel, nuestro límite, porque nos impiden creer más allá, ver más allá, caminar más allá. Son las creencias limitantes. Las que nos impiden crecer, convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos. Todos somos un universo de posibilidades, y las creencias limitantes, lo único que hacen es encoger ese universo.

 

 

Durante años yo viví con el mantra de “si no lo veo no lo creo”, y solo en mi madurez comprendí que el mantra correcto era el contrario: “si no lo creo, no lo voy a ver jamás”. Luego la pregunta esencial tiene que ver con mis creencias, y cómo ellas me impulsan o me frenan a la hora de actuar.

 

Nuestras creencias nos definen lo que consideramos posible o imposible, y por ello, o nos ponen en marcha o nos paralizan. Para crecer, hay primero que creer. Las creencias limitantes nos anclan en un territorio de seguridad, porque nos falta confianza. Buscamos más seguridad en lo externo, cuanta menos confianza sentimos en lo interno.

 

Algunas creencias nos fueron útiles en el pasado y por eso creemos que nos van a servir toda la vida, pero no es cierto. Hay herramientas que nos sirvieron en momentos difíciles para sobrevivir, pero que no nos ayudan a vivir, en el sentido más amplio y ambicioso de la palabra. Puedo haber sentido que el odio o el rencor o la venganza me han servido para luchar en un momento dado, pero no me serán útiles para vivir en paz.

 

Puedo haber confundido la resignación con la aceptación, pero en realidad la resignación me está impidiendo crecer. Solo cuando he aprendido a aceptar lo que realmente es imposible, puedo comprender que todo lo demás es posible, aunque parezca difícil o improbable.

 

Solo cuando acepto que un ser querido que se ha ido no va a volver, puedo dejar de sufrir, encontrar nuevas y diferentes formas de sentir su compañía, y disfrutar con una sonrisa lo mucho que compartimos, y no vivir enganchados solo al momento en que nos dejó.

 

De hecho cada vez que pensamos de algo que es imposible, o que es muy difícil, lo convertimos realmente en algo imposible o muy difícil. Porque esa es nuestra creencia, y actuamos en consecuencia. Quizás no valga la pena vivir juzgando si las cosas son fáciles o difíciles, sino si son posibles. Y si son posibles, y hacemos lo que está en nuestra mano hacer para lograrlas, estaremos satisfechos más allá de que al final las logremos o no. Eso deja de ser importante. Lo importante es qué hemos hecho y en qué hemos creído.

 

Porque lo que realmente nos define no es lo que somos hoy, sino lo que podemos ser. Somos posibilidades infinitas y, para acercarse a muchas de ellas hay que creer en ellas, verlas como lo que son: posibilidades, y vivir la aventura de convertirlas en realidades.

 

El lenguaje hace que ocurran cosas, genera mundos nuevos y, por tanto, nuestro nivel de lenguaje y la forma en que lo usamos, en particular a través de las creencias, va a tener una importancia capital en nuestra forma de vivir.

 

Ya lo dijo Gandhi, con esa soberana sabiduría que le inundaba:

                        Observa tus pensamientos… se convertirán en tus palabras;

                        Observa tus palabras… se convertirán en tus acciones;

                        Observa tus acciones… se convertirán en tu hábitos;

                        Observa tus hábitos, se convertirán en tu carácter;

                        Observa tu carácter… se convertirá en tu destino.

 

Preguntas:

  • ¿En qué creemos realmente hoy?

  • ¿Qué creencias creo hoy que ya no me sirven para ser mejor persona o mejorar mi bien vivir?

  • ¿Cómo puedo hoy cambiar mi interpretación de algunos hechos para dejar de sufrir?

  • ¿En qué me ayuda vivir en el sufrimiento permanente?

  • ¿Cuáles de mis creencias actuales son un motor de crecimiento en mi vida, y cuáles son un freno?

  • ¿Qué voy a hacer al respecto?

 

¿Te inquieta algo? ¿Te sientes atrapado en las circunstancias que te ha puesto la vida y no sabes por dónde comenzar? Escríbeme, yo puedo orientarte.