Toda nuestra biología nos dice que somos únicos, a cada uno de nosotros se nos ha planeado y diseñado de una manera particular, cada detalle de nuestros cuerpos ha sido planeado con sumo esmero.

 

Somos un pensamiento de la mente del Creador y Él ama la diversidad.

La Vida misma se deleita en nuestra creación y en asegurar cada detalle; no solo de nuestro cuerpo, también de nuestra mente, de nuestras emociones y de las interacciones necesarias para nuestro crecimiento (experiencias, circunstancias, personas, acontecimientos, situaciones).

Cada uno de nosotros como individuo tiene un propósito particular que forma parte del Plan de la creación, así como una ficha de rompecabezas juega un papel fundamental en la imagen completa. Lo escuchamos a diario y sin embargo muchas veces no entendemos que se nos está hablando a nosotros directamente, que se nos está pidiendo ser nosotros mismos. Que se nos está pidiendo ser únicos y reclamar esa individualidad.

Se requiere valor para asumir nuestra individuación, es más fácil muchas veces comportarnos como la sociedad, los amigos o nuestros padres quieren que lo hagamos. Reconozcámoslo, es más fácil para todo el mundo si seguimos la norma, si nos adaptamos al medio, si hacemos lo que se espera de nosotros. Si decidimos conformamos con lo que otros quieren para nosotros, puede que estemos más tranquilos. Pero la pregunta correcta es ¿seremos felices?¿Qué sucede en nuestras vidas cuando permitimos que nuestros sueños se mueran por falta de valor para luchar por ellos? ¿Cuando vivimos la vida de otros, los sueños de otros y terminamos siendo un extra de segunda en la película de nuestra propia vida?

Yo fui particularmente tibia toda mi vida y lo digo ahora desde un lugar de mayor poder, gracias a un proceso de trabajo interior, de reflexión y de estudio continuo ahora he aprendido a seguir mis instintos, a buscar mis propios caminos. No fue fácil en un principio, nunca lo es, cambiar hábitos es complejo, requiere atención, perseverancia, disciplina y mucho valor, pero se puede hacer y la recompensa es enorme. Vivir íntegramente vale la tranquilidad de mirarse al espejo y saber que se ha dicho NO a algunas personas y oportunidades porque no eran en realidad lo que mi corazón deseaba deja en la boca un sabor muy agradable, en ocasiones de sudor cuando la batalla ha sido ardua, pero nunca es el sabor amargo del arrepentimiento.

La culpa si trata de arruinar la fiesta en este proceso de reclamar nuestro centro y nuestro poder, especialmente cuando estamos acostumbrados, como he estado yo, a darle gusto a todos los demás por encima de nosotros mismos. Pero la culpa dura poco, uno se acostumbra y termina por entender que siempre es preferible sentir culpa por no darle gusto al otro, que dejar nuestra alma y nuestros sueños deshilachados y abandonados en un rincón. 

  • Es importante que entendamos que cuando nos decimos demasiadas veces NO a nosotros mismos, cuando por falta de valor, o de claridad, o por no ofender a otros, o lo que sea,  permitimos que nuestro “Ser” individual se pierda, estamos matando nuestra alegría, la posibilidad de ser felices. Vivir desde el propósito individual es la UNICA forma de vivir en plenitud.