¿Cómo reaccionas cuando te encuentras en una situación que te genera gran enojo? ¿Sueles perder el control? Inspirar, expirar, es una de las técnicas para lograr la calma, pero existen otros pasos que puedes dar para controlar la ira de manera eficaz.

 

Todos en algún momento nos hemos visto envueltos en situaciones en las que perdemos el control, debido a que el enojo que nos generan es tan grande, que no logramos pensar con claridad.

Sentir ira ante ciertas situaciones es normal, pero debemos ser lo suficientemente capaces de controlarla si no queremos que ella termine por controlarnos y acabemos teniendo serias dificultades en nuestra vida, con nuestras relaciones, con nuestro entorno.

¿Qué es la ira?

Para adquirir la capacidad de controlar la ira, debemos primero saber en qué consiste y qué hace que esta surja.

Por lo tanto, la ira, es aquella emoción que provoca en nosotros estados de irritabilidad, tensión y resentimiento. Algunos de sus sinónimos, podrían ser: furia, enojo, cólera, rabia.

Cuando la ira aparece, se producen algunos cambios físicos en nuestro organismo, como lo son: aumento del ritmo cardíaco, de la presión sanguínea, aumenta la temperatura del cuerpo, se acelera la respiración, los ojos se dilatan, sentimos malestar en el estómago, se disparan la adrenalina y la noradrenalina, haciendo que nos encontremos más alertas y que nuestros movimientos sean más rápidos y fuertes.

¿Cuándo aparece la ira?

La ira es una emoción que se encuentra muy relacionada con situaciones que nos producen frustración o sentimientos desagradables.

Ésta se vuelve el sentimiento predominante cuando la persona, ante una determinada situación, toma la decisión consciente de actuar ante un comportamiento que siente amenazante de otra fuerza externa.

Situaciones que provocan la ira

Existen dos tipos de situaciones que son capaces de desencadenar la ira:

a) Situaciones frustrantes, tales como:

  • Cuando aparecen obstáculos que nos impiden alcanzar una meta.
  • Cuando se violentan las normas o nuestros derechos.
  • Cuando no aparece la recompensa tras realizar una acción.

b) Situaciones aversivas. Enfrentar situaciones desagradables hará florecer nuestro mal carácter y en consecuencia, aparecerá la ira.

La ira se puede catalogar como una emoción intensa y si no la sabemos controlar, puede crecer de forma rápida dentro de nosotros, minando nuestros pensamientos y nuestras acciones, así como produciendo respuestas desproporcionadas cuando enfrentamos situaciones de conflicto.

Muchas veces nos percatamos de ello, cuando es demasiado tarde, pero no todo está perdido. Podemos intentar calmar los sentimientos que provoca la ira, e incluso podemos llegar a controlarlos.

¿Cómo mantener la calma?

No podemos evitar sentir ira, porque es una emoción básica, pero lo que sí podemos hacer es intentar controlarla.

El enojo sano, nos permitirá ver el problema en toda su amplitud, idear estrategias para resolverlo, así como nos ayudará a visualizar y alcanzar nuestras metas, además de superar los obstáculos que se puedan presentar en nuestro camino.

En cambio, el enojo desproporcionado, nos bloqueará emocionalmente, lo que nos impedirá entender de forma correcta la situación, dificultándonos el poder superarla.

De ahí la importancia de aprender a controlar nuestro enojo y saber mantener la calma.

5 pautas para gestionar la ira de forma saludable

1.- Si tu cuerpo está bien, tu estado de ánimo mejora.

Esto quiere decir que debes procurar mantener tu cuerpo saludable, dormir lo suficiente y ejercitarte.

Ya debe haberte sucedido que cuando tienes hambre o has pasado una mala noche, tu paciencia se esfuma y florece la irritabilidad.

La ira. Cómo controlarla

2.- Aprende a identificar tus emociones.

Una de las formas en las que puedes controlar la ira, es evitar que esta aparezca y en caso de que llegue aparecer, seas capaz de identificarla para evitar que crezca y alcance tales proporciones que te hagan perder el control.

En tal sentido, cuando sientas que la rabia está creciendo dentro de ti, debes ser capaz de ponerle freno, para evitar consecuencias desagradables.

3.- Evita exponerte a situaciones que te generan tensión.

Aquí juega un papel muy importante el autoconocimiento, lo que te permitirá aplicar mecanismos que te ayuden a controlarte ante situaciones de conflicto.

Si conoces cuáles son las causas que te hacen perder la paciencia o que te generan gran tensión, podrás hacer lo posible para evitar exponerte a ellas, o en el caso de que no puedas evitarlas, porque habrá momentos en los que no podrás hacerlo, idearás estrategias que te ayudarán a superarlas evitando que te invada la rabia.

4.- Aprende técnicas que te ayuden a recuperar el control.

La meditación, el yoga o las técnicas de respiración podrán ayudarte a controlar el enojo.

En el caso de las técnicas de respiración, al respirar de forma profunda y pausada, te permitirá oxigenar tu cerebro y, en consecuencia, tendrás unos segundos preciosos de reflexión que te permitirán controlar la ira.

Estas técnicas no solo te ayudarán a mantener la calma, sino que te permitirán poner distancia al estrés que vivimos de forma cotidiana, con lo que lograrás un estado de serenidad cuerpo – mente, muy beneficioso para mantener tu estado de bienestar y por ende mejorar tu salud.

5.- Controla tus pensamientos y suelta.  

Evalúa los pensamientos que detonan el enojo y que te conducen a los estados de ira.

A veces no tenemos control sobre todas las situaciones y en estas ocasiones, lo mejor será soltar. Haz que tu carga sea liviana y otórgales la justa importancia a tus problemas.

“Si puedes resolverlo y tienes la solución ¿para qué te preocupas?, si no puedes resolverlo, ¿para qué te preocupas?”.

No te desgastes en cosas que no puedes controlar y busca las soluciones a aquellas situaciones que sí puedes cambiar.

No te cargues de preocupaciones innecesarias. Vive ligero, pues si dejas que los pensamientos te llenen de estrés, estarás más vulnerable ante la ira y aumentarán las posibilidades de descontrolarte.

Aprender a gestionar la ira, no significa que debas reprimirla, solo debes emplear un estilo de comunicación más asertivo, en el que puedas dar a conocer tu punto de vista, pero siempre respetando el de los demás.

Fuente:

K-Economista 

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