Todos tenemos muletas y de una u otra manera dependemos de ellas para nuestro funcionamiento, esas muletas son los apoyos, las bases sobre las que construimos nuestra seguridad y son de naturaleza física, emocional o mental.

 

Cuando alguno de estos apoyos o muletas falla, nuestra estabilidad se ve amenazada, se balancea, o incluso se pierde. Nuestra estabilidad depende en gran medida de lo sólidas que sean esas muletas y de lo bien fundamentados que estén esos apoyos. Pero, aun así, siguen siendo solo apoyos. Y cuando fallan o desaparecen nos desestabilizamos.

Si nos detenemos a pensar un momento podemos darnos cuenta que muchas de las cosas que damos por sentadas en la vida y sobre las que apoyamos nuestra seguridad y nuestra felicidad pudieran no ser tan permanentes como creemos. La mayoría de las cosas son temporales y pueden desaparecer de un momento a otro. Un accidente, una muerte, una quiebra financiera, una enfermedad, un fenómeno de la naturaleza puede acabar con esos apoyos en segundos.

Pero qué sucede en nuestra vida cuando aquello en lo que hemos puesto nuestra fe desaparece? Cuando aquello sobre lo que nos hemos estado apoyando ya no existe más? La vida es simplemente lo que es; una escuela de aprendizaje muy avanzada, la mejor universidad que pudiera ofrecérsenos. Y las cosas que nos suceden no son ni buenas ni malas; son necesarias para nuestro proceso evolutivo, son necesarias para nuestra transformación. Afortunadamente, somos muy bien hechos y nuestra “alma“ siempre nos llamará a aceptar aquellas circunstancias que se presentan y que no podemos cambiar porque de esta manera podemos crecer y convertirnos en mejores personas.

Al aceptar y abrazar las circunstancias en nuestra vida damos cabida a la gracia. Aprender a ver las oportunidades en aquellas situaciones que no escogeríamos para nosotros en primera instancia y que nos producen sensación de fracaso, de pérdida, de injusticia, de dolor, o cualquier otra emoción debilitante, es una práctica diaria, y es tan necesaria para nuestra estabilidad física y emocional, y para nuestra felicidad, como lavarnos los dientes después de cada comida para evitar la caries. Pero habitualmente no se nos educa ni se nos entrena para pensar y actuar así.

Yo les pregunto y me pregunto: Podemos creer que “La Vida”, que Aquel que nos creó nos ama infinitamente y siempre quiere lo mejor para nosotros? No siempre, y menos en situaciones retadoras, pero así es. La Vida nos ama infinitamente y está siempre en equilibrio. Nuestro trabajo como almas antiguas y sabias consiste en buscar ese equilibrio de manera consciente y hay muchas maneras de hacerlo. 

  • Los invito hoy a abrir su mente, esa siempre es mi invitación, abrir su mente a la posibilidad de que tenemos la habilidad de equilibrar nuestra vida cuando por alguna circunstancia nuestros apoyos desaparecen o fallan, y que la mejor manera de hacerlo comienza por tener Fe en la Vida y en Aquel que nos creó, y desde allí buscar lo “bueno” que esta situación tiene para enseñarnos y para ayudarnos en nuestro proceso evolutivo y de transformación.

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