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Un Viaje para Aprender a Estar Conmigo capítulo 5


Acompáñame hoy a recorrer Positano y Sorrento.....


Un  Viaje para Aprender a Estar Conmigo capítulo 5


Descripción extendida

Dormí muy bien y feliz de haber resuelto mis pendientes y descansado ese día en Sant. Angnello. Lo necesitaba.

 

La noche anterior había yo decidido ir a Positano, así que me levanté temprano con la idea de tomar el autobús alrededor de las 9 de la mañana y así aprovechar todo el día.

 

Bajé al restaurante y sin decir palabra, el capitán me dijo, “ mesa para uno” verdad?.  Con una sonrisa de oreja a oreja le dije que si. Ya me iba sintiendo más segura y cómoda de estar solo conmigo en mi mesa….

 

El buffet excelente. Desayuné como campeona, tomé una naranja y me la guardé en mi bolsa para cuando se me antojara a media mañana.

 

Después de lavarme los dientes, salí muy energética del hotel rumbo a la tabaquería para comprar mi pase por un día para el transporte público. Me fui a la parada del autobús y esperé como 15 minutos. 

 

Mientras esperaba platiqué con unos ingleses, una señora mayor acompañada de su hija y su yerno. Me preguntaron si había yo ya tomado ese transporte y les dije que sí y les comenté del gran reto de encontrar un lugar para ir sentado en el autobús y de los malabarismos  requeridos para mantenerse parado en caso de que no te tocara un lugar sentado. Estaban sorprendidos y me agradecieron los tips.

 

Me subí al autobús. Nuevamente me tocó ir parada durante más la mitad del trayecto rumbo a Positano, alrededor de unos treinta minutos. Ya sabía yo a lo que iba y afortunadamente ahora iba al pueblo más cercano que quedaba a unos cuarenta minutos de Sant. Agnello.…

 

Nuevamente mantenerme de pie fue un reto enorme a lo largo de la carretera con tantas curvas. La mareada fue gratis, pero afortunadamente no pasó a mayores…

 

Positano es un bellísimo pueblito que está hacia abajo de los riscos y que tiene playa, una iglesia hermosa con una virgen negra muy milagrosa, muchísimas galerías de arte, boutiques y restaurantes.

Es parada de muchos cruceros y muchísimos turistas lo visitan por mar o por tierra.

 

 

En Positano hay dos paradas del autobus. La primera, que es en donde yo me bajé porque pensé que era la única y que es en donde están la mayoría de los hoteles y una cantidad INIMAGINABLE de escaleras para bajar al pueblo y, la segunda parada, que es donde se bajan casi todos los turistas que van a Positano y que es “mucho más amigable” porque casi no hay escaleras, más bien son rampas y está llena de boutiques y galerías hermosas a lo largo de toda la bajada.

 

Pues como no llevaba ni google maps ni claridad de que habían dos paradas, yo escuché al chofer que dijo Positano y sin pensar ni preguntar me bajé junto con otros cuantos “despistados”  que seguramente pensaron igual que yo……

 

Cuando empecé a bajar, lo único que veía era una carretera de un sólo carril que no tenía fin y MILES de escaleras, bajo un sol aplastante.

A mitad del camino se me hizo raro que no viera más turistas, pero ya no había de otra mas que seguir bajando las interminables escaleras.

 

Llegué a un punto en la bajada en que a lo lejos vi la iglesia de Positano. También se veía la playa. No se veía claro el camino pero mi intuición me dijo que ahí era a donde tenía que llegar. No había callecitas. Aquello era un laberinto de escaleras empinadas y yo solo seguía bajando. No había forma de regresar de subida. Hubiera sido como escalar una montaña bajo un sol candente y yo no lo iba a hacer.

 

Cada tramo de bajada iba yo haciendo mis paradas para descansar y tomar fotos. Las vistas preciosas y cada vez me acercaba yo más a la iglesia y al pueblo. 

 

No tengo idea de cuanto tiempo me tomó bajar por “el camino difícil”, pero de que fue un enorme reto físico bajar tanta escalera bajo el rayo del sol, no hay duda. 

 

Finalmente llegué hasta la iglesia. Cuando llegué me temblaban literalmente las piernas por el esfuerzo físico de haber bajado tanto escalón. Tomé algunas fotos del exterior de la iglesia e inmediatamente me metí a la iglesia a sentarme para recuperarme, para ver a la virgen negra y para darle gracias a Dios por permitirme estar en este bello lugar.

Descansé un rato ahí sentada.

 

Salí de la iglesia y observé a muchísimos turistas llegando por un camino “bastante más amigable” que el que había yo tomado para llegar hasta la iglesia.

Empecé a recorrerlo, ahora de subida y empecé a meterme a todas las galerías de arte y tiendas que llamaban mi atención. 

Las galerías de arte me fascinaron. Entré a todas las que me encontré y tomé muchas fotos. Además de las hermosas obras de arte, el aire acondicionado era maravilloso. El calor afuera era de cuarenta grados centígrados.

 

Después de recorrer toda la subida llegué a un puesto en donde vendían una deliciosa granita de limón, una especie de raspado de limón amarillo que me fue irresistible con aquel calor. Además, me di cuenta de que definitivamente amo el limón. Pagué mis 4 euros por una bolita de granita de limón y me senté en  la orilla de una banca junto con otras personas y me dediqué a observar la enorme cantidad de turistas de todo el mundo que subían y bajaban por aquélla rampa. 

 

La cantidad de personas que visita Positano es como 5 ó 6 veces más que las personas que llegan hasta Ravello. Hubo un momento en que parecía un tren humano de bajada y otro de subida. Demasiada gente para mi gusto.

 

Después de comerme mi granita de limón me acerqué a un módulo de turismo para preguntar, ahora si, en dónde y a qué hora pasaban los autobuses rumbo a Sorrento. Ni de broma tomaría yo la subida de los escalones. Me explicaron y me dieron una tabla de horarios para que pudiera yo tomar el autobus de regreso.

 

Ya tenía yo hambre así que me dediqué a buscar un restaurante que “captara mi atención” . Di con uno que tenía una linda terraza, revisé la carta y me gustó. Inmediatamente procedí a pedir mi “mesa para uno”.

 

Con aquel calorón, lo que se me antojó fue una ensalada de pulpo con papas, mi agua San Pellegrino con rodaja de limón y pan con aceite de olivo.

 

Comí con toda calma y disfruté de una hermosa vista hacia la playa. Terminé, pedí la cuenta y pagué.

 

Ya sentía yo que era hora de regresar. Ya había visitado la iglesia, la playa, las galerías y entrado a varias boutiques.

 

Eran como las tres y media de la tarde y quería yo aprovechar algunas horas para visitar Sorrento, así que emprendí la caminata de regreso hasta llegar a la carretera en donde me habían indicado que pasaría el autobús. 

 

Estuve como 20 minutos esperando en la orilla de la carretera junto con otros turistas. Finalmente llegó el bus y nos subimos. Ahora si nos tocó sentados. Seguramente sería la hora porque mucha gente se regresa mucho más tarde.

 

Después de una hora llegamos a Sorrento. Hubieron varias paradas y yo me bajé justo en la parada del centro de la ciudad. Recorrí varias calles y llegué a una zona muy comercial. Entré a varias tiendas hasta que llegué a una chocolatería que me capturó con su aroma y una vez dentro, un joven muy simpático y extraordinario vendedor me dio a probar de TODO. Probé las cáscaras de limón cubiertas de chocolate obscuro, los chocolates rellenos de limoncello, las galletas de café con chocolate y otras tantas delicias.

Por supuesto compré varias cosas no previstas, pero deliciosas. Ya vería yo cómo las llevaría de regreso a Roma porque mi maleta realmente no tenía espacio extra para compras.

 

Salí de la chocolatería muy contenta y de regreso me topé con una gelatteria que se veía deliciosa. Me formé para pedir mi gelatto. Esta vez pedí uno de higo con almendra y me pareció delicioso. Se desocupó una mesita con una silla que estaba a la entrada del lugar y me senté a comerme con toda calma mi rico helado. 

 

Ya estaba yo cansada así que emprendí la caminata de regreso a la parada en donde me había bajado para tomar ahí un autobús que me llevaría a la estación de tren. Nuevamente esperé a que llegara el bus. Me subí y me llevó a la estación de tren. Compré mi boleto y esta vez, a Dios gracias ya no tuve que esperar. A los cinco minutos salió el tren para Nápoles y me bajé en la estación de Sant. Agnello.

 

Caminé de la estación a mi hotel cargando mis compras y todas las imágenes del día.

 

Puse mi tina de baño con burbujas para meterme a remojar después de un día lleno de extraordinaria belleza y de un esfuerzo físico inmenso después de tantos escalones en Positano…

 

Puse a cargar mi teléfono y me metí a la tina a descansar.

 

Salí  del baño, me cené fruta que había yo comprado unos días antes y me fui a dormir.

 

Continuará……

 






Comentarios
Comentarios en Facebook
Amparo Cuervo   enviado el 12/09/2016
Muy agradable tu 5a entrega Carito y qué interesante como llegaste a la comodidad de pedir tu mesa para uno :)

Cristina   enviado el 13/09/2016
Qué genial los millones de escalones que tuviste que bajar! Con tu relato estaba allí bajándolos contigo y me cansé! Hermoso Caro, como siempre, me quedo con las ganas de seguir leyendo!

Brenda Aguilar   enviado el 19/09/2016
Caro, que padre... Ya quiero saber más!! Se me antojó mucho hacer un viaje así!


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