Cuentos en el bus I

 

Salió de la oficina con cierto desdén. La tarde caía adormecida sobre la ciudad, la soledad invocaba la pesadumbre, todo parecía una mala fotografía.

Salió y sin levantar la mirada buscó la parada de autobuses. Los carros pasaban lentos. Los taxis transitaban con cierta pesadez. Ningún autobús se asomaba en ninguno de los sentidos de la carretera.

Aquellos fueron los únicos momentos en que levantó la mirada y luego siguió con su rostro bajo, como abandonado por algún pensamiento ¿nostálgico? ¿acaso triste? ¿o sólo pensaba en nada?

Será difícil saberlo, uno observa y piensa que pudiera traer consigo alguna profunda contradicción en su interior, alguna guerra librándose dentro de ella (¿se mencionó que era una mujer?), algún viaje a tiempos remotos donde todo parecía mejor o, al menos, y ahora lo sabe, pudo hacerlo mejor. Lo cierto es que parecía abstraída de todo a su alrededor.

Un autobús se detuvo justo frente de ella y la puerta abrió con un chillido metálico y viejo. Subió y buscó acomodo al lado de una ventana. Silencios y sombras eran los pasajeros de ese transporte colectivo. Ni los gritos del colector buscando clientes pudieron despejar aquel silencio que ella sentía. Bastaba con mirarla para saberlo. El autobús siguió su camino, los vaivenes de sus paradas y arranques, los chillidos metálicos, los susurros lejanos de la ciudad entera. Apenas se dio cuenta de aquél a su lado. Le hablaba en una jerga poco comprensible.

Un olor rancio de alcohol la mareó, la expresión del sujeto parecía violenta. Sintió una puntada a su costado, algo punzante le presionaba la cadera. Apenas pudo entender las palabras “teléfono” y “dinero”, apenas pudo ver el brillo fugaz que reflejó el cuchillo. Tomó ambas cosas y se las entregó, sin estar segura del porqué, sin estar segura si era esa la petición.

El sujeto tomó lo que le daba ella, lo guardó junto con el cuchillo y pidió su parada al colector. Ella vio la sombra moverse hasta perderse tras la puerta chirriante. Volteó a su ventana, en cuya pantalla se transmitía la vida de la ciudad con su carrera sin sentido. Esperaba llegar a casa pronto y cerró los ojos. Seguía sintiendo una puntada a su costado.

  • Venezuela