Este cuento lo escribimos mi papá y yo. Estaba en Kinder y era una tarea que debía completar. Ahora creo que nos quedó hermoso y quiero compartirlo!

 

Un día, Fafa invitó a su amiga Yiga del colegio para jugar después de clases. La mamá de Yiga llamó y se cercioró de que la mamá de Fafa estaría en casa para cuidarlas y observarlas cuando jugaran. Terminado el colegio ambas niñas salieron muy contentas a jugar.

Fafa le comentó a su amiga qua había inventado un visor del tiempo. Al llegar a su cuarto le mostró una caja con muchos cables y partes de aparatos electrónicos con un visor muy potente en el centro. Fafa le dijo: sígueme Yiga, es nuestra oportunidad. Yiga se quedó mirando y le dijo, no quiero jugar con cables y corriente, es peligroso. No te preocupes dijo Fafa, no está conectado a nada, es tan moderno que funciona con la energía de las estrellas.

Fafa hizo todos los arreglos necesarios para el correcto funcionamiento del visor. Conectó, juntó y reguló varios botones y completó todos los arreglos de acuerdo al manual que había inventado. Yiga aceptó colocarse el lector de detector de futuro sobre la orejas y esperó la lectura de Fafa. Al cabo de unos minutos el lector había llegado a su máxima intensidad y Fafa le dijo: Vas ser una buena persona y tener buena suerte.

Luego vinieron jugos, galletitas y un poco más cansados terminaron en la tele, comiendo papitas y refresco. Yiga regresó feliz a casa.

Poco tiempo después, Yiga se enteró que la empresa donde trabajaba la mamá de Fafa le había dado una oportunidad para vivir en el exterior y salían de México casi de inmediato. Nunca más la volvió a ver y por lo rápido de la salida no se quedó con sus teléfonos y eso.

En las noches Yiga pensaba en lo que le había dicho el visor y qué era para ella, ser una buena persona. En ocasiones intentaba travesuras y recordaba el visor, “una buena persona”. Luego de mucho pensar, concluyó que, para ella, una buena persona es la que obedece a papi y mami, da las gracias, se levanta alegre en las mañanas para ir a la escuela a aprender con entusiasmo y comparte con sus amigos, y a veces, con hasta quienes no lo son. También, con el tiempo se fue dando cuenta que ser una buena persona es diferente a tener cosas. Ser buena persona era esto tan importante que se vio en el visor y que nos hace dormir tranquilos cada día. Sentir que ayudamos y cumplimos una misión que el creador nos ha encomendado.

Yiga creció y se convirtió en profesora en la universidad. Sus alumnos la respetaban porque aprendían de ella y se convertían en mejores personas. No era fácil estar en su clase, era exigente y muchos alumnos trataban de inscribirse para ver clases con ella cada año. Llegó a ser muy conocida y fue invitada a Buenos Aires a dar una charla. Llegó temprano y se sentó en el avión al lado de una señora joven, con una hermosa niña. Inmediatamente, empezó a hablar y poco a poco se dio cuenta que era Fafa, su amiga de la infancia. Inmediatamente le dijo: “Me he preguntado mucha veces si efectivamente servía el “visor”. ¿Te recuerdas de aquella máquina estrafalaria?. Tengo que confesar que me sirvió mucho en la vida.

Luego de hablar de esta y otras máquinas que hizo Fafa, las dos pensaron que era mejor no preguntar si el visor existía o no, o si funcionó correctamente aquella tarde de juego. Pero Yiga agradeció aquel pronóstico y le dijo que haber vivido con la misión de ser una buena  persona, había sido el secreto de su éxito, de su alegría y entusiasmo por crecer.

  • Este cuento está inspirado en otro cuento: "La mata de centavos" de José Rafael Pocaterra, que mi papá leyó cuando era joven.